El 21 de mayo de 1469, un incendio en el altar mayor de la Catedral de Valencia consumió el retablo de plata y carbonizó las pinturas creadas por diferentes artistas en la primera mitad del siglo XV. De inmediato, el Capítulo de la Seo inició el proceso de reconstrucción de cuanto se había destruido.
La búsqueda incesante de maestros que iniciasen obras de tan elevada envergadura finalizó en 1472 con la llegada del nuevo obispo-cardenal Rodrigo de Borja, quien, procedente de Italia, trajo consigo a los maestros italianos Francesco Pagano, Paolo de San Leocadio y Riquart, especializados maestros en pintura al fresco. Los miembros del Capítulo de la Seo exigieron a los tres artistas una demostración de su talento. El Capítulo se convenció de la calidad de las muestras realizadas por Leocadio y Pagano, a los que se encomendó la realización de los frescos. Del tercero, el maestro Riquart, no se tienen más informaciones.
El contrato para la ejecución de estas pinturas al fresco especifica importantes detalles de cuales debían ser las características de la obra. Ésta comenzaría por la clave de la bóveda (de madera) que representaba la figura de la virgen, en sustitución de la que había tallado Joan Sanou, rodeada de un coro de serafines de oro fino. En cada una de las plementerías de la bóveda (doce en total) deberían realizar un ángel con la alas de oro y de bellos colores. En los nervios figurarían guirnaldas de hojas y frutos de fino oro de ducado y las ventanas estarían doradas con el mismo oro y pintadas de azul, de Alemania en las primeras manos y de Acre (lapislázuli) la última mano. Debajo de las ventanas figuraría una historia y los apóstoles. Los capiteles serían dorados con oro fino y pintados con guirnaldas.
El contrato, aceptado por los dos maestros, concretaba un precio final de tres mil ducados y establecía como plazo fijado para la realización de estos trabajos de seis años. Es decir, hasta el mes de julio de 1478.
Sin embargo, los miembros del Capítulo no vieron cumplidas sus expectativas, por lo que Pagano y San Leocadio fueron obligados a corregir los defectos que habían encontrado una comisión de expertos, por lo que se les pagó el precio convenido en un principio entre los años 1472 y 1481. Al mismo tiempo, se realizó de nuevo la vidriera que estaba sobre el altar mayor y que representaba la Asunción de la Virgen.
Ante el mal estado en que se encontraban las pinturas, el arzobispo Luis Alfonso de los Cameros decidió en la década de 1670 revocar la capilla mayor de la Catedral. La renovación fue encargada al arquitecto Juan Pérez Castiel, claro exponente de la arquitectura barroca valenciana. Los trabajos se iniciaron el 12 de junio de 1674 y finalizaron el 28 de mayo de 1682. Desde entonces, las pinturas del ábside de la seo valenciana han permanecido ocultas.
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